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Empoderamiento de mujeres aymaras campesinas en comunidades del altiplano boliviano

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Este proyecto, cofinanciado por Ministerio de Asuntos Exteriores de Finlandia, y la Asociación Intecultur, busca reconocer y visibilizar el trabajo de la mujer productora de la cadena de hortalizas en invernaderos en 3 comunidades campesinas. ver mas

Renforcement des capacités des acteurs locaux pour la mise en place de modèles d’économie sociale communautaire

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Les capacités des acteurs stratégiques du de l’économie sociale et solidaire (municipalités, syndicats, OECAS, OECOMS, associations macro, réseaux et plateformes), en particulier les jeunes et les femmes, sont renforcées sur le plan du plaidoyer politique, de la production, de la transformation et de la commercialisation solidaires, de l’administration et de la gestion financière. ver mas

Seguridad alimentaria basada en la gestión del agua para elevar la producción y enriquecer la nutrición, procurando mayor equidad de género en armonía con los roles culturales.

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El proyecto pretende otorgar seguridad alimentaria y nutricional a la población sujeto, construyendo y mejorando sistemas de agua potable y riego, fortaleciendo la gestión comunal de estos sistemas, y aprovechando el recurso agua para ampliar la frontera agrícola gracias a la introducción y rescate de buenas prácticas agropecuarias, buenas prácticas de cocina y administración doméstica. ver mas

Multiplicaciones del desarrollo

29 Agosto, 2016

Invernaderos generan ingresos familiares en comunidad de Jucuri en el Altiplano Boliviano

Una de las primeras comunidades con las que AYNI tomó contacto en el municipio de Calamarca es la comunidad de Jucuri, en 2007. Los 90 hombres y 89 mujeres se dedicaban a la agricultura generando muy pocos excedentes económicos.

Cuando se tomó contacto con las autoridades de la comunidad se interesaron mucho en los cultivos en invernaderos como una alternativa productiva. Con el aporte de materiales y mano de obra de los propios habitantes, AYNI construyó allí los primeros invernaderos en el municipio de Calamarca ubicados en los terrenos de unas pocas  familias que incursionaban en esta nueva actividad a 3.900 msnm, bajo un sol radiante casi todo el año y un viento frío que agrieta las manos.

Año tras año han ido acumulando experiencia a sus saberes ancestrales iniciándose primeramente con el cultivo más sencillo que es el de la Lechuga Crespa asociada con el cultivo de rábano. Siguieron con el cultivo de Lechuga Mantecosa que es mucho más delicada desde el punto de vista agronómico.

Por el año 2011 los más emprendedores ya producían Lechuga Valeriana que además requiere cuidados especiales, un suelo rico en nutrientes y mucho dinero para comprar la pues es realmente cara. Sin embargo es el cultivo que hoy genera más rendimiento económico por el alto precio que tiene.

Lo atractivo fue que en lugar de un cultivo anual de hortalizas, podían realizar hasta seis: es la primera multiplicación de ingresos que conocía la comunidad. Si bien los cultivos eran en superficies menores que a cielo abierto, la entrada de dinero en efectivo llegada constantemente, una vez al mes, en lugar de una o dos veces vez por año.

Los hombres y las mujeres dedicados a estos cultivos comenzaron a dedicarle más tiempo a sus invernaderos. Una segunda novedad se produjo con la instalación del primer Centro de Procesamiento Familiar que se adjudicó a una familia de la comunidad que se comprometía a cuidarlo, mantenerlo y alquilarlo a los demás productores que quisieran procesar sus hortalizas antes de venderlas. 

Desde el punto de vista económico, la introducción de los Centros de Procesamiento Familiar de Hortalizas generó una revolución por la sencilla razón de que se producía una segunda multiplicación de ingresos: las hortalizas que antes se vendían por kilos ahora se venían por gramos, y el valor de venta se multiplicaba por tres. Se instaló el primer Centro con los fondos de la cooperación española en 2009 y los productores fueron poco a poco notando el aumento de sus ahorros y comenzaron a invertir en sus propios centros de procesamiento unifamiliar, construidos de manera artesanal en sus propias casas, empleando materiales a su alcance. Al mismo tiempo pensaron que había llegado el momento de invertir en la ampliación de sus invernaderos y construyeron más.

En 2014 los productores cuentan con una producción estable, con valor agregado, y mercados que conocen su producto que lleva además una marca comercial. El grupo de productores decidió dar un paso más en la innovación constituyendo la primera asociación de productores en invernadero con personería jurídica en kilómetros a la redonda, sin intervención de la cooperación. Su objetivo era  participar en los programas que el estado desarrollaba en el área rural, y poco tiempo después de la fundación, la flamante asociación consiguió mejorar las condiciones de su producción con la incorporación de tanques de agua de 2.500 litros otorgados por el programa ACCESO que premia las innovaciones productivas.

El efecto casi sincronizado con la introducción de los sistemas de agua potable y riego por goteo con la cooperación del País Vasco y de la Xunta de Galicia significó un nuevo impulso para toda la comunidad. Los habitantes de Jucuri que habían apostado al cultivo en invernaderos pueden hablar de una nueva multiplicación de producción porque su producción aumentaba a cerca del doble por el riego preciso y homogéneo en toda la superficie cultivada y por primera vez podían referirse a la primera división, porque el tiempo dedicado a regar y a deshierbar se redujo a una fracción de la duración tradicional.

Las mujeres que habían participado activamente desde el comienzo en la introducción de invernaderos, en el procesamiento de hortalizas y ahora en la facilitación de los riegos decidieron formar un Grupo de Mujeres. Sus primeras actividades consistieron en el aprendizaje de tejidos de mantas de lana, faldas y mandiles. Recibieron las capacitaciones necesarias y consiguieron elaborar prendas de alto valor artesanal para su propio uso y para la comercialización. Estas mujeres no solamente dominan el arte del cultivo al aire libre, sino también en invernaderos y ahora también el arte de la costura y del tejido.

Su cometido es abrirse paso en la participación política en la comunidad, que por ahora está restringida a los varones con tierras a su nombre, casados y con el servicio militar concluido. Algo nada fácil a juzgar por la mentalidad predominante y los roles asignados, pero no imposible en el contexto actual de promoción económica y política de la mujer en Bolivia y en el resto del mundo. En los últimos meses de 2016, la asociación de productores ha incorporado a nuevos miembros de la comunidad y por otro lado, se está formando una segunda asociación con miembros de la primera asociación lo que refleja una conducta democrática y una mentalidad abierta a la libre participación, no exenta de roces que por cierto, son naturales en un proceso de expansión. Surgen nuevos líderes, jóvenes con ideas nuevas.

La experiencia de los fundadores es la experiencia de la gestión de la comunidad, es decir de la gestión pública. Sin embargo, la gestión de una asociación de productores requiere formar experiencia en la gestión privada de los recursos de la asociación consagrada a beneficiar en primer lugar a los socios y solo en segundo lugar a los no socios.

Por otro lado, el solapamiento de intereses de los propios comunarios entre lo público y lo privado, por ejemplo en la gestión del POA (fondos que anualmente recibe del estado cada comunidad en función de su población) aún genera pequeños conflictos por dicha falta de experiencia en la gestión de la cosa privada de la cosa pública.

A medida que crecen los ahorros, los productores se animan a tomar créditos. Y así, poco a poco crece también la frontera agrícola y se acerca al pleno empleo en la comunidad, que ya no cuenta con mano de obra disponible y aumentan los costos laborales.

Los socios se enfrentan a la posibilidad de mecanizar el cultivo con motocultores que es posiblemente la próxima innovación. Por otro lado los conocimientos en uso de productos químicos para evitar pérdidas por plagas o enfermedades son suficientes, pero a causa del monocultivo de lechuga que es la hortaliza de mejor rendimiento, es posible que deseen emplearlos con más frecuencia de la debida en sustitución de los insecticidas naturales que por ahora elaboran y emplean. Y esta realidad los coloca frente a un nuevo desafío esta vez en relación con su propio medioambiente, la calidad de sus hortalizas y la diversidad que parece una salida obligada, para lo cual requerirán más capacitación.

El desarrollo que comenzó en Jucuri con el desplazamiento de las primeras familias hace muchísimos años parece que se ha acelerado en el último decenio. La cooperación ha jugado un papel importante y los líderes y las lideresas de la comunidad han interpretado correctamente los incentivos.

Los nuevos desafíos están estimulando a las nuevas generaciones el la búsqueda de respuestas.  

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